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Cae la tarde y los últimos visitantes de este día en Ankogr Wat comienzan a abandonar el recinto. Como toda visita importante en la vida de una persona, hay que inmortalizarla, todos quieren tener el recuerdo y los camboyanos no tienen las posibilidades económicas de las que disponemos en «nuestro mundo», o lo que es lo mismo , no tiene poder adquisitivo para tener una cámara de fotos. Su vida y sus prioridades son bien distintas a las nuestras; descubro en ellos valores muy importantes que nosotros hace tiempo hemos ido perdiendo. De modo que es el fotógrafo de calle quien se la proporciona retratándolos a la entrada del recito, con la impresionante vista del skyline del templo.

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